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Imaginar, por Jon Uriarte

A pesar de que parezca imposible, imaginar otros escenarios resulta imprescindible en momentos de crisis. Vivimos en un mundo que solo permite realizar pronósticos catastróficos o utópicos, sin tiempo para desarrollar una imaginación crítica que permita distinguir entre lo que está pasando, cómo lo entendemos y la proyección que de ello queremos realizar. La 16ª edición de Getxophoto propone recuperar el tiempo y el espacio para realizar ese ejercicio tan necesario.

Las imágenes cumplen una labor fundamental en esta tarea, ya que forman parte de los saberes y las prácticas capaces de crear conexiones improbables a través de la imaginación. Tal como propone la serie Off Screen de John Hilliard, la fotografía permite acercarse a los hechos desde diferentes puntos de vista más allá de la literalidad. A pesar de ser una de las herramientas fundamentales de la modernidad para clasificar el mundo por medio de la razón, su versatilidad temporal e interpretativa la convierte en un medio idóneo, también, para ponerla en cuestión. Proyectos como Hayal & Hakikat de Cemre Yesil Gönenli o Erased de Paulo Simão interrogan el uso que, desde posiciones de poder, se realizó de la fotografía histórica como evidencia o documento, apropiándose de sus estrategias para diversificar sus lecturas y disputar sus objetivos. Así mismo, Come Before Winter de Ventura Profana e Igor Furtado también explora tácticas subversivas contra el poder, pero poniendo el foco en la iglesia como institución que utiliza la fe para domesticar la imaginación en pos de una verdad absoluta. Esa misma búsqueda ha provocado dolor a todas aquellas personas que no encajan en las normas que su visión totalitaria propone, tal como refleja Haiek danak sorginak de Bego Antón, y aún hoy oculta o condiciona la identidad de millones de mujeres a las que representan proyectos como Mercaderas de Ainhoa Resano o Madre de Marisol Mendez.

Pero si la imaginación aspira a ser crítica, no puede conformarse con evitar esas formas de poder sino que debe abrir los límites de lo posible. Ya que, cuando se mira más allá de esos límites, se es capaz de establecer una relación con aquello que no se conoce, con aquello que se siente extraño. La idea del monstruo, por ejemplo, que incorpora tanto lo familiar como lo ajeno, está muy vinculada a la imaginación ya que asume y hace propia la paradoja. Los proyectos The Zizi Show de Jake Elwes y Neural Zoo de Sofia Crespo utilizan las herramientas más recientes de creación visual para investigar ese espacio híbrido de posibilidades, en relación tanto al ser humano como a otros seres vivos. Ambos trabajos sondean la capacidad que tenemos de encontrarnos y relacionarnos con lo extraño y de situarnos entre diferentes identidades y espacios. Una capacidad que, precisamente, describe la potencia de la imaginación crítica.

No es de extrañar que, tal como señalan las obras Usus Fructus Abusus (La blanche et la noire) de Gloria Oyarzabal y Tesoro especulativo de Juan Covelli, los museos occidentales hayan destacado precisamente por su incapacidad de desarrollar esa imaginación. Ambos trabajos evidencian cómo el expolio colonial formó parte de la concepción de muchas instituciones culturales, sustentadas en la supremacía blanca que normaliza una relación de explotación hacia el otro. Pero no solo los cuerpos han sido sometidos al régimen del orden y la clasificación, también los ecosistemas y el propio planeta han sido contemplados desde ese prisma extractivo por la ciencia y la industria alimentaria. When I Image the Earth, I Imagine Another y Tomàquets, de open-weather y Judit Bou respectivamente, proponen como respuesta representaciones fragmentadas y multiperspectivistas.

Las primeras ponen el foco sobre el planeta, mientras que la segunda examina el cultivo de uno de sus incontables frutos, los tomates. Sus cartografías de imágenes descartan la fotografía descontextualizada y aislada que ocupa el imaginario visual de la historia de la fotografía, tal como también propone el dúo Cortis y Sonderegger con su serie Icons. Reconstruyendo en un estudio las imágenes más reconocibles de la iconografía occidental, su minucioso trabajo invita a reflexionar sobre la forma en la que se ha explicado el mundo. En tiempos en los que situaciones intrincadas se convierten en predicciones reduccionistas y catastrofistas, señalar las complejidades que los iconos ocultan puede ser de gran ayuda. Se trata de un ejercicio que ofrece herramientas para abordar y desentrañar situaciones abrumadoras desde posiciones emancipadas. Un aprendizaje que abre la puerta a poder distinguir entre el efecto que el colapso de un sistema tiene sobre sus ecosistemas y relaciones sociales frente al efecto que la lógica del colapso tiene sobre la imaginación.

Las imágenes nos permiten representar ideas, situaciones del pasado, intuiciones o fantasías en la mente. Son la base de la imaginación y por tanto es fundamental preguntarse cómo operan para poder ejercitarla con libertad. Las imágenes tienen una relación contradictoria con la concepción del tiempo actual, ya que alimentan la sensación de estado de alarma constante pero, al mismo tiempo, permiten crear otras dimensiones temporales de resistencia. Archivo Juárez de Alejandro ‘Luperca’ Morales, por ejemplo, se apropia de materiales de representación global y corporativos permanentemente accesibles para superar las barreras que la excepcionalidad de la pandemia impuso a la hora de visitar su ciudad natal. Sin embargo, Las flores mueren dos veces de Cristóbal Ascencio utiliza la capacidad de las imágenes para colapsar tiempos pasados y presentes a fin de mantener viva una relación truncada y así poder interpretar sus incógnitas. Las imágenes pueden ayudarnos a crear un tiempo propio, libre de las imposiciones históricas, productivas y distópicas del colapso del tiempo futuro.

Este tiempo extraño abre la puerta a poder ejercer una mirada crítica sobre los diferentes aparatos fotográficos y las imágenes que generan lejos de su concepción productiva. Tal como propone la serie Cognition de Felix Schöppner, se pueden convertir en herramientas que nos ayudan a crear imágenes de teorías, hipótesis y fenómenos que somos capaces de discernir, pero no de visualizar. Evitar la lógica de la creatividad y la disrupción que exige la producción constante de contenido vacío de ideas, puede dar paso a otros escenarios posibles. Como el planteamiento que propone Clare Strand con All That Hoopla, en el que el juego y el azar sustituyen a las leyes del mercado y la mentalidad conservadora que predomina en la fotografía contemporánea. Un ámbito que en gran parte ignora la incesante aparición de nuevas tecnologías que han transformado el medio de forma radical en los últimos años. Inversores capitalistas y científicos de la computación son quienes, a día de hoy, desarrollan los nuevos aparatos y sistemas productores de imágenes, desconociendo sus problemáticas y formas de hacer fundamentales, que se siguen extendiendo tal como demuestra Photographies without Photographer de Marco de Mutiis. Cambiar el lugar desde el que se mira es especialmente importante en el caso de las tecnologías más recientes, ya que permite aprender a leer entre líneas codificadas. Los proyectos DCT Encryption Station de Rosa Menkman y Ted Davis y Public Access de David Horvitz abren esos marcos de reflexión sobre el impacto de la digitalización algorítmica en áreas como la socialización, la intimidad o la opinión pública.

La imaginación crítica es la herramienta que permite pensar un futuro más allá de un final visible y aparentemente inevitable. Es la que nos ayuda a descubrir que ya existen otros mundos posibles en las ruinas del capitalismo, donde, tal como relata Mushrooms from the Forest de Takashi Homma, unos seres tan extraños e ignorados por la razón como las setas, son capaces de imaginar otros escenarios de posibilidad.

(Referencias)

GARCÉS, MARINA. Imaginación crítica. En: Garcés, Marina (coord.) «Ecología de la imaginación». Artnodes, no. 29. UOC. 2022

LOWENHAUPT TSING, ANNA. The Mushroom at the End of The World, Princeton University press. 2015

Comisario

Jon Uriarte

Nacido en Hondarribia en 1980, Jon Uriarte estudió Fotografía en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya y en el International Center of Photography de Nueva York, además de realizar un máster en Proyectos y Teorías Artísticas por PhotoEspaña y la Universidad Europea de Madrid. Ha expuesto en diversos centros y galerías de arte, tanto en muestras colectivas como individuales, entre los que destacan La Casa Encendida de Madrid, el Koldo Mitxelena de Donostia, el Studio 304 de Nueva York, el centro HBC de Berlín y la Sala d’Art Jove de Barcelona. Fue fundador de Widephoto, plataforma independiente dedicada al comisariado y actividades en torno a la fotografía contemporánea. Además, conceptualizó y coordinó durante 3 años DONE, el proyecto sobre reflexión y creación visual impulsado por Foto Colectania. Actualmente vive en Londres, donde ejerce como comisario digital de la prestigiosa The Photographers’ Gallery.